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Los angiomas (hemangiomas) se definen como
displasias vasculares de etiología no filiada, que a nivel
renal son habitualmente asintomáticos aunque pueden debutar en
forma de hematuria o hipertensión arterial. Se suelen
diagnosticar durante la tercera o cuarta década de la vida. Su
incidencia es muy baja y se cifra en 0.024%. Normalmente son únicos
y unilaterales, pero en un 12% pueden ser múltiples y en menos
del 1% bilaterales. Su medida varia entre formas microscópicas,
hasta un tamaño de 10 cm de diámetro, siendo el promedio
de unos 2 cm. Se localizan fundamentalmente en la médula renal,
próximos a los cálices pero pueden localizarse en pelvis
o ser subcapsulares.
Excepcionalmente estos hemangiomas pueden formar
parte de entidades con afectación sistémica tales como:
angiomatosis generalizada, síndrome de Klippel-Trenaway-Weber,
síndrome de Sturge-Weber y síndrome de
Gronblat-Stranberg. Los hemangiomas se dividen en capilares,
cavernosos y arteriovenosos, y microscópicamente se visualizan
como vasos tortuosos, aneurismáticos, de pared adelgazada
formados por endotelio y, de forma inconstante, por músculo
liso y fibras elásticas.
Clínicamente no suelen tener expresión
clínica pero pueden sangrar manifestandose en forma de hematoma
(intraparenquimatoso o subcapsular) o cursar con hematuria, o
hipertensión arterial por isquemia renal segmentaria. La hematuria
es el signo más frecuente. Se manifiesta en forma de brotes de
macrohematuria normalmente autolimitada y sin repercusión
hemodinámica, seguida de periodos caracterizados por
microhematuria eumórfica. En un 20-40% pueden dar cólicos
nefríticos por coágulos en la vía urinaria. Se
han descrito casos de hemangiomas subcapsulares que debutan como
hematomas subcapsulares con o sin hematuria. La hipertensión
arterial es un signo que aparece con poca frecuencia, y suele ser
secundaria a isquemia renal con o sin aumento de renina periférica.
En nuestro caso la renina periférica era normal, aunque muy
estimulable, lo que indicaría la participación del
sistema renina-angiotensina en la hipertensión de la paciente.
El diagnóstico es difícil, sobretodo cuando son de pequeño
tamaño. En nuestro caso el eco-doppler nos mostró un
registro turbulento que no se interpretó correctamente hasta
que el estudio angiográfico nos llevo al diagnóstico
morfológico, y el procedimiento terapéutico al diagnóstico
etiológico de la hipertensión de la paciente.
El tratamiento en los casos asintomáticos y
de pequeño tamaño debe ser conservador, dado que se
trata de una patología benigna que puede desaparecer espontáneamente
por fibroesclerosis. Solo está indicada la actuación
terapéutica en aquellos casos sintomáticos, hemorragia o
hipertensión arterial. Inicialmente se había propuesto
la nefrectomía como solución a la hipertensión.
En la actualidad el tratamiento de elección es la embolización
selectiva. En nuestro caso se utilizó 2 metil-cianolcrilato
(Bucrylato) que se considera el de elección para hemangiomas
renales en los que sea posible acceder hasta una arteria muy próxima
a la malformación. El citado material tiene unas características
únicas que lo hacen deseable como agente embolizante: baja
viscosidad, puede ser inyectado a través de catéteres
muy finos (2-3F) y es soluble con los contrastes iodados. Cuando este
monómero entra en contacto con el cloruro sódico de la
sangre, polimeriza adhiriéndose a la pared de los vasos y
ocluyendo permanentemente la luz de los mismos. Con este material no
se han descrito casos de embolismo pulmonar aunque haya comunicación
arteriovenosa. Como agente embolizante se pueden utilizar otros
productos, entre los que destacan el Ivalon y los coils metálicos.
Si la embolización fracasa habrá que recurrir a la cirugía:
ligadura de la arteria aferente o la nefrectomía polar,
reservando la nefrectomía total para aquellos hemangiomas de
gran tamaño o múltiples. |