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Al igual que ocurre en los obesos, entre
personas que toman grandes cantidades de alcohol la frecuencia de
hipertensión es significativamente superior a la encontrada
entre los bebedores moderados. Es decir, beber alcohol en exceso
aumenta la tensión arterial, pero este efecto no se manifiesta
si las cantidades de alcohol son moderadas.
Algunas veces hay que restringir aún
más el consumo de alcohol, sobre todo si, como es frecuente, la
hipertensión se asocia a enfermedades metabólicas como
diabetes o al aumento de ciertas grasas en la sangre (triglicéridos).
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