Cuestiones de interés |
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| Fibrilación auricular e hipertensión arterial | ||||
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Marzo 2005 |
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Es una arritmia, un ritmo cardíaco diferente del normal, generalmente rápido, que se origina en las aurículas. La contractilidad de las aurículas deja de producirse al unísono, como latido único, y no coopera con los ventrículos, por lo que se experimentan latidos más fuertes y otros más débiles que tienen una cadencia irregular. Es identificable en el electrocardiograma. Se dice de ella que es una arritmia irregularmente irregular. |
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Es la arritmia más frecuente, aumenta con la edad y puede llegar a afectar a un 10% de los mayores de 75 años. Se detecta en el 3% de los pacientes que consultan en las urgencias médicas (excluyendo cirugía, traumatología, ginecología y pediatría) de los hospitales. |
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Las personas hipertensas tienen más probabilidades de presentar fibrilación auricular que los normotensos y a la inversa: entre los pacientes que tiene fibrilación auricular, el 57% son hipertensos. |
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El principal problema de la fibrilación auricular es facilitar la formación de trombos en las aurículas que luego pueden ser proyectados a cualquier territorio vascular, ocluyéndolo y produciendo un infarto de ese territorio (cerebro, riñón, músculos de las extremidades...). Esta situación se produce más frecuentemente en las personas hipertensas, por lo que en ellas hay que tomar medidas especiales de profilaxis e instaurar tratamiento anticoagulante. |
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Esta arritmia puede comportarse de manera "paroxística", aparece y desaparece y vuelve a aparecer en diferentes momentos. De hecho el 70% de los episodios se corrige espontáneamente en un plazo de 3-4 días. Sin embargo en ocasiones puede convertirse en permanente, pasando a ser el ritmo habitual de esa persona. Actualmente se sabe que la permanencia en fibrilación auricular, manteniendo una adecuada profilaxis de la enfermedad tromboembólica y control de la frecuencia cardíaca es igual de útil y no supera en riesgos al tratamiento antiarrítmico agresivo para mantener a toda costa el ritmo normal. |
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El tratamiento se dirige a tres aspectos fundamentales:
Para ello se utilizan fármacos antiarrítmicos y anticoagulantes o antiagregantes. En el caso de los hipertensos varios fármacos que sirven para el control de la PA valen también para controlar la frecuencia cardíaca, es el caso de los betabloquenates y algunos antagonistas del calcio, con ellos se puede efectuar un tratamiento más sencillo y eficaz. |
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Además de los fármacos, se puede devolver al corazón su ritmo normal mediante una descarga eléctrica, que consigue detener los movimientos asincrónicos y da ocasión a que el latido vuelva a originarse en su lugar habitual, el llamado nodo sinusal. Este procedimiento se denomina cardioversión eléctrica. En algunos casos es factible solucionar de forma definitiva la arritmia tras efectuar un estudio electrofisiológico quemando con radiofrecuencia o láser la zona que actuaba como desencadenante de la arritmia. Este tratamiento se reserva para casos muy concretos que son evaluados por el cardiólogo. |
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Este procedimiento es muy eficaz y seguro y obtiene resultados hasta en un 90% de los casos. Lo efectúa un médico experto, es doloroso, por lo que hace falta administrar fármacos sedantes y analgésicos, no requiere mucho tiempo salvo el necesario para recuperarse de la sedación y un tiempo posterior variable de observación. No es necesario ingresar en el hospital más allá de unas horas salvo que otras condiciones de la persona requieran la permanencia en el hospital. Sus complicaciones más frecuentes son las quemaduras en el punto de aplicación de los electrodos, que se evitan con una pasta conductora especial o la necesidad de aplicar más de una descarga si la primera no fue efectiva. Las complicaciones graves son muy infrecuentes y más asociadas a la sedación que al procedimiento. |
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La sangre se coagula para evitar las hemorragias y el mecanismo es muy complejo puesto que existe un equilibrio entre sangrado y trombosis. Intervienen proteínas que se unen unas a otras y a las plaquetas formando un trombo que pasado un tiempo se disuelve. Cuando la sangre queda remansada se coagula. Esto es lo que ocurre en una aurícula que ha dejado de moverse normalmente. El problema es que el trombo formado puede ser enviado a cualquier territorio en el siguiente latido eficaz. Para evitarlo controlamos la formación de trombos anticoagulando o antiagregando. El primer procedimiento disminuye el número de proteínas coagulantes y el segundo evita que se unan las plaquetas. La anticoagulación se efectúa con fármacos orales, el acenocumarol (sintrom®) o inyectables, la heparina. La antiagregación se efectúa, entre otros, con aspirina o clopidogrel . La elección de uno u otro depende de las condiciones de la persona. Anticoagular es más eficaz que antiagregar si existe alto riesgo de enfermedad tromboembólica, y esto ocurre cuando a la fibrilación auricular se le añaden: hipertensión, diabetes, enfermedad de las válvulas cardiacas, insuficiencia cardíaca, cuando ya se ha producido un evento embólico o cuando la edad supera los 75 años. Entre 65 y 75 años sin los factores arriba mencionados se puede optar por uno u otro procedimiento con igualdad de resultados, y por debajo de 65 años la antiagregación es suficiente. El hipertenso con fibrilación auricular, aunque sea paroxística, debe estar anticoagulado para evitar los fenómenos tromboembólicos. |
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