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El consumo de sal debe irse disminuyendo poco a poco, de tal forma
que se vaya acostumbrando el paladar, cosa que suele ocurrir a la
mayoría de las personas en poco tiempo.
- Utilice menos sal cuando cocine o no use el
salero en la mesa
- Para aumentar el sabor de las comidas utilice
pimienta y otras especies, jugo de limón, hierbas aromáticas,
ajo fresco o polvo de ajo o de cebolla
- Utilice aceite con sabor como es el de oliva
- Use productos bajos en sodio
- Tome el mínimo posible de los alimentos
en los que se utiliza gran cantidad de sodio al ser procesados, como
son las conservas y los precocinados.
- Evite abusar de carnes saladas o ahumadas, como
son la panceta, jamón, embutidos y tocino.
- En restaurantes elija del menú la comida
que más se ajuste a estas recomendaciones. Pida que la comida
que le sirvan no esté salada
- Lea las etiquetas con atención, algunas
indican la cantidad de sodio que contiene cada porción.
- Pida a los que cocinen sus comidas que le
ayuden a no usar sal. Es posible que también ellos mismos se
beneficien.
- Si en su caso en particular fuera
imprescindible una mayor restricción del consumo de sal, sería
necesario cocinar con muy poca sal o utilizar una sal potásica
o magnésica en vez de sal común.
Un truco que se puede utilizar cuando uno comienza el periodo de la
reducción de sodio, y aún no está acostumbrado al
sabor de la comida sosa, es en algunos tipos de alimentos, como la
verdura cocida o al vapor, el filete a la plancha, etc, es cocinarlos
sin nada de sal y utilizar una pequeña cantidad de sal que
usted pondrá en el alimento cuando ya esté en su plato.
De esta forma conseguirá que las papilas gustativas se
estimulen rápidamente al contacto directo con la sal y así
no notará que la comida esta cocinada sin ella. Pero recuerde
la cantidad de sal común que usted puede usar para todas las
comidas del día no debe sobrepasar 1,5 g (la sal que cabe en un
capuchón de bolígrafo BIC) pero esta cantidad la puede
utilizar donde usted crea más conveniente. |